El valor silencioso de no rendirse
Ayer hablaba sobre el valor de seguir cuando ver ya no es evidente. Estos días trabajo con una asimetría incómoda: un ojo ve, el otro no. Con uno distingo con claridad; con el otro apenas intuyo formas, sombras, manchas rojas que ocupan casi todo el campo de visión. Y aun así, la vida no se pone en pausa. El ordenador sigue teniendo dos columnas. Los documentos siguen exigiendo precisión. Las decisiones no admiten desenfoques. ...