La mirada de mi gato
Mi gato no me mira como lo hacen las personas. No busca respuesta. No pide explicación. No espera nada. Me mira como si yo ya estuviera aquí. A veces todo parece exigir algo: decisiones, palabras, argumentos, versiones de uno mismo. En esos días, su mirada no compite con nada. Simplemente permanece. No me observa para entenderme, sino para estar conmigo. Y en esa diferencia hay una lección que no se aprende en ningún sitio. ...