Eva y NÉBULA (II): El entrenamiento
Eva se preparó café y se quedó mirando la taza. De pronto, entendió algo con una claridad extraña: no era que L. fuera importante. Era que ella, Eva, había entregado el mando a distancia de su estado de ánimo. Y ni siquiera se lo habían pedido. Ese día comenzó el entrenamiento. No era un acto para volverse de piedra. Eva no quería dejar de sentir. Quería dejar de depender. Empezó por lo más pequeño, lo más difícil: retrasar. ...