Hay gestas que no se explican solo con el marcador.
Lo de Carlos Alcaraz no va únicamente de llegar a una final. Va de hacerlo lesionado, con calambres, con el cuerpo pidiendo parar… y la cabeza diciendo “sigue”.
Me impresiona su tenis, claro. Pero me impresiona más su manera de estar ahí dentro cuando todo aprieta. Esa mezcla extraña —y poco común— de juventud y madurez. De saber sufrir sin aspavientos. De no dramatizar. De no rendirse.
A su edad, muchos ganan por físico. Algunos por talento. Muy pocos ganan también por temple. Y eso no se entrena en una pista: se aprende viviendo, cayendo, escuchando al cuerpo y decidiendo seguir aun cuando no es cómodo.
Verle jugar así me recuerda que el esfuerzo verdadero no siempre es heroico ni ruidoso. A veces es simplemente aguantar un punto más. Un juego más. Un día más.
Y hacerlo con la serenidad de quien sabe que el futuro es largo, pero el presente no se regala.
Eso, para mí, es una gesta.
Escrito por Ángel Monroy García, con respeto absoluto por quien compite sin excusas.