Hay una responsabilidad que, en mi opinión, son palabras mayores: la de los alumnos que llegan a una empresa a hacer prácticas.

No vienen a producir.
Vienen a aprender.
Y eso, insisto, son palabras mayores.

Llegan con ilusión, con nervios, con preguntas que aún no saben formular bien. Y con una idea difusa de cómo es realmente el trabajo cuando deja de ser teoría.

Recibirlos implica parar. Explicar. Repetir. Corregir con cuidado.

Implica hacer las cosas un poco más despacio, aunque el día vaya justo, aunque el trabajo se acumule, aunque no sea el mejor momento.

Porque a ti alguien, en algún momento, también te abrió una puerta sin garantías.

Estos días, a la espera de recibir a las chicas y chicos en prácticas, me doy cuenta de algo sencillo: no solo están aprendiendo ellas y ellos. También aprende la empresa.

Aprende a ordenar lo que hace.
A justificar por qué se hacen las cosas de una manera y no de otra.
A no dar por obvio lo que nunca lo fue.

Formar no es lucirse. No es imponer criterio. Es acompañar mientras el otro se equivoca sin hacerle sentir pequeño por ello.

A veces se olvida que detrás de cada profesional hubo un día alguien que no sabía, que dudaba, que necesitaba tiempo y paciencia.

Por eso, cuando un alumno cruza la puerta para empezar prácticas, no entra una ayuda barata. Entra una responsabilidad compartida y la mayor oportunidad de INVERSIÓN para una empresa.

Y eso, incluso en los días complicados, merece respeto.


Escrito por Ángel Monroy García, recordando que enseñar también es construir.