Mi hermano Moisés ha abierto un blog.

No para hacer ruido.
No para construir un personaje.
Lo ha abierto para dejar constancia.

Y eso, hoy, me parece una decisión valiente.

Moisés es cortador de jamón, sí.

Habrá jamón. Habrá tablas, cuchillos, eventos, madrugones y noches largas. Pero quien lea su primer post entenderá enseguida que el jamón es también una forma de vida: carretera, trabajo acumulado, cansancio en los huesos, orgullo por lo bien hecho, familia, dudas silenciosas… y esas verdades pequeñas que aparecen cuando uno deja de correr un momento.

Me gusta cómo lo ha dicho: su blog nace desde una vida a contrarreloj, pero también desde la necesidad de parar, aunque sea escribiendo. De poner en palabras lo que el cuerpo y la cabeza van acumulando mientras el día a día avanza sin pedir permiso.

No es de redes. No es de escaparate.
Prefiere el texto a la foto, el silencio a la vitrina, la última fila al foco.
Y quizá por eso este blog tiene sentido: porque no viene a convencerte, viene a contarse.

A mí, como hermano, me emociona verlo volver a empezar así: con un sitio sencillo, sin filtros, donde escribir cuando se pueda, como se pueda. Un lugar para hablar de trabajo y de vida desde dentro, sin adornos.

Si algún día te apetece leer a alguien que no posa, que no exagera, que no vende humo,
pásate por su blog.

Yo, desde aquí, solo quería dejar constancia también: me alegra que exista.


Escrito por Ángel Monroy García, celebrando en silencio los comienzos de mi hermano.