Durante años deseé muchas cosas.

Algunas con palabras.
Otras en silencio.
Otras sin atreverme a admitirlo del todo.

Deseé avanzar.
Deseé libertad.
Deseé tener tiempo.
Deseé poder elegir.

Y, con el tiempo, muchos de esos deseos se concedieron.

No de la forma exacta en la que los había imaginado, claro. Los deseos rara vez tienen sentido del humor.

A veces llegan envueltos en cansancio.
Otras, en soledad.
Otras, en responsabilidad.

Ese es el truco que nadie te cuenta: los deseos concedidos no vienen solos. Vienen acompañados de consecuencias.

Pedir libertad implica aprender a gestionarla.
Pedir tiempo implica decidir qué haces con él.
Pedir avanzar implica dejar cosas atrás.

Durante mucho tiempo pensé que los deseos se cumplían o no.
Ahora sé que se cumplen y te examinan.

Te preguntan, en voz baja, si de verdad querías esto.
Si sabes qué hacer ahora que lo tienes.
Si estás dispuesto a vivir a la altura de lo que pediste.

Hoy miro atrás y sonrío.
No porque todo sea fácil.
Sino porque muchas de aquellas noches en las que pedí algo en silencio… fueron escuchadas.

Así que sí.
Cuidado con lo que deseas.

Puede que un día despiertes sentada/o justo sobre ello.


Escrito por Ángel Monroy García, agradecido incluso por lo que llegó sin instrucciones.