Vivimos rodeados de una presión silenciosa: decidir rápido, cerrar etapas, tener respuestas.

Como si no decidir fuera una forma de debilidad.
Como si la duda fuera un fallo del sistema.

Hoy no.

Hoy no voy a decidir nada.

No porque no pueda, sino porque, como dice Bart Simpson, me he multiplicado por cero.

Hay decisiones que necesitan tiempo.
No para pensarlas más, sino para reposar.

Decidir demasiado pronto a veces es solo una forma elegante de huir del silencio. De ese espacio incómodo donde las cosas aún no tienen forma, pero ya están creciendo.

No decidir también es una acción.
Una que protege lo que todavía es frágil.
Una que evita cerrar puertas que aún no hemos mirado bien.

La pausa no es pasividad.
Es escucha.

Es dejar que el criterio alcance al impulso.
Que el cuerpo alcance a la cabeza.
Que el deseo se distinga de la inercia.

Hoy no voy a decidir nada.
Y, curiosamente, eso ya es una decisión.


Escrito por Ángel Monroy García, dejando que algunas cosas maduren sin prisa.