Ayer me preguntaba si una pequeña empresa puede crear su propia inteligencia artificial.
Hoy la pregunta me la afino un poco más:

¿necesita apoyarse en las grandes IA para hacerlo?

La respuesta corta es sí.
La respuesta honesta es: depende de cómo.

Las grandes inteligencias artificiales son extraordinarias como base.
Saben escribir, razonar, resumir, clasificar, traducir.
Son, en cierto modo, una nueva capa de infraestructura cognitiva, como lo fueron en su día internet o la electricidad.

Pretender prescindir de ellas no es valentía.
Es ineficiencia.

Pero aquí aparece el matiz importante.

Las grandes IA no conocen tu sector.
No viven en él.
No sufren sus fricciones ni entienden sus silencios.

Ahí es donde entra la pequeña empresa.

Una IA sectorial no se construye desde la nada, pero tampoco se delega por completo.
Se orquesta.

Las grandes IA aportan capacidad general: lenguaje, razonamiento, patrones amplios.

La pequeña empresa aporta algo mucho más escaso: criterio contextual.

Qué datos importan.
Qué excepciones son normales.
Qué decisiones son aceptables aunque no sean óptimas en un paper.

Ese conocimiento no suele estar documentado.
Vive en la experiencia diaria, en los errores repetidos, en las decisiones que se toman rápido porque “ya sabemos cómo acaba esto”.

Cuando una pequeña empresa se apoya en una gran IA sin cederle el timón, ocurre algo interesante: la inteligencia deja de ser genérica y empieza a ser situada.

No es una IA que lo sabe todo.
Es una IA que sabe decidir mejor en un territorio concreto.

Quizá ese sea el verdadero papel de las grandes IA en este momento histórico: no sustituir el conocimiento sectorial, sino amplificarlo cuando alguien cercano al problema lo guía con criterio.

Porque al final, incluso en inteligencia artificial, el tamaño no sustituye al entendimiento.


Escrito por Ángel Monroy García, pensando que la inteligencia, incluso la artificial, también necesita contexto.