Durante mucho tiempo pensé que emprender era empezar algo. Un proyecto. Una empresa. Una idea con nombre propio.
Con el tiempo he entendido que no. Que emprender no es empezar. Emprender es elegir.
Elegir implica descartar. Y eso es algo de lo que se habla lo justo y necesario
Cada proyecto que nace lleva dentro una vida posible.
Un tipo de horarios.
Un tipo de cansancio.
Un tipo de presencia —o de ausencia— en casa.
Un tipo de conversación recurrente en la cabeza.
Por eso el sentido no es un eslogan.
Es un límite.
No es una frase bonita para el pitch.
Es una línea silenciosa que dice:
hasta aquí sí; desde aquí no.
Durante años he visto proyectos técnicamente brillantes que, sin embargo, exigían una vida que yo no estaba dispuesto a vivir. No porque fueran malos. Sino porque pedían demasiado a cambio.
Pedían estar siempre disponible.
Pedían convertir la urgencia en estado permanente.
Pedían confundir valor con velocidad.
Pedían sacrificar lo que no cotiza.
Y ahí entendí algo importante: no todo lo que puede crecer merece ser cultivado.
El propósito, cuando es honesto, no empuja. Contiene.
Te obliga a preguntarte cosas incómodas:
- ¿Qué tipo de vida quiero que este proyecto haga posible?
- ¿Qué estoy dispuesto a proteger aunque solo sea a mis ojos?
- ¿Qué éxito no estoy dispuesto a comprar?
Porque hay proyectos que funcionan muy bien… y te dejan sin sitio dentro.
Hay empresas que escalan… y te encogen.
Elegir emprender de una determinada manera no es falta de ambición. Es decisión vital.
No se trata de llegar más lejos. Se trata de no perderte por el camino.
Hoy sé que el proyecto que quiero construir no debe exigirme:
- renunciar a mi tiempo de calidad
- vivir permanentemente en tensión
- justificarme ante quienes solo miden resultados
Quiero un proyecto que:
- respete el ritmo de una vida real
- haga posible la presencia
- no me convierta en un personaje
- no me obligue a negociar conmigo mismo cada mañana
El sentido no responde a la pregunta “¿hasta dónde quiero llegar?”. Responde a otra quizá más difícil:
¿cómo quiero vivir mientras avanzo?
Esta serie nace de ahí.
No de la teoría.
De la experiencia de haber aprendido —a veces tarde— que elegir bien al principio ahorra muchas fracturas después.
Emprender, al final, no va de empezar algo nuevo. Va de no traicionarse al hacerlo.
—
Escrito por Ángel Monroy García, eligiendo también lo que no voy a construir.