Hoy, 22 de diciembre, España se detiene un momento.

Bares con la tele encendida desde temprano.
Oficinas que fingen trabajar mientras escuchan de fondo.
Familias que comparten números como quien comparte una pequeña esperanza portátil.

Hoy giran los bombos de la Lotería de Navidad.
Hoy millones de personas sueñan, durante unas horas, con que la vida cambie sin pedirles nada a cambio.

Y no hay nada malo en eso.

Soñar también es humano.

El sorteo más largo del año

El sorteo dura unas horas.
La ilusión, unos días.
La conversación, hasta Reyes.

Después, casi siempre, todo vuelve a su sitio.

Y ahí es donde el emprendedor vive en un calendario distinto.

Porque el emprendedor no suele jugar a un solo número. Juega a un proceso.

El otro tipo de suerte

Emprender es participar en un sorteo peculiar:

  • no hay fecha fija,
  • no hay décimos,
  • no hay números cantados,
  • y nadie te avisa cuando te ha tocado… hasta que ya estás dentro.

La “suerte” del emprendedor se parece poco a la del 22 de diciembre. Suele venir disfrazada de:

  • constancia cuando nadie mira,
  • decisiones incómodas,
  • semanas sin certezas,
  • años sembrando sin aplauso.

Y, de vez en cuando, sí:
algo encaja.
algo funciona.
algo despega.

La diferencia clave

El sorteo tradicional promete un cambio externo: si me toca, mi vida será distinta.

El emprendimiento propone un cambio interno: si me transformo, mi vida puede ser distinta.

Uno depende del azar. El otro depende del carácter.

Y ojo: ninguno es moralmente superior. Son caminos distintos.

El premio que no sale en televisión

Hay emprendedores a los que nunca “les toca el Gordo” en cifras espectaculares.

Pero les toca algo menos visible y más profundo:

  • libertad de criterio,
  • orgullo por lo construido,
  • sentido,
  • coherencia entre lo que hacen y lo que son.

No sale en los informativos. No se celebra con cava. Pero sostiene una vida entera.

Hoy, mientras giran los bombos

Hoy brindaré con quienes sueñan. Y también con quienes, sin bombo ni suerte, siguen levantándose cada día para construir su propio número ganador.

Porque al final, el verdadero premio no es que te toque. Es convertirte en alguien capaz de sostenerlo cuando llegue.

Y ese sorteo…
ese se juega todos los días.


Escrito por Ángel Monroy García escuchando de fondo a los niños de San Ildefonso