Hay textos que no intentan gustarte. Intentan seleccionarte.

La versión más citada del anuncio atribuido a Ernest Shackleton (expedición Endurance, 1914) se considera, en muchos sitios, probablemente apócrifa —pero su verdad emocional es tan afilada que sigue viva más de un siglo después. :contentReference[oaicite:1]{index=1}

Y dice (en su forma popular, directa, sin maquillaje):

Se buscan hombres para viaje peligroso.
Sueldo bajo.
Frío extremo.
Largos meses de oscuridad total.
Peligro constante.
Regreso incierto.
Honor y reconocimiento en caso de éxito.

No hay promesa de gloria inmediata.
No hay filtros.
No hay marketing.

Solo una verdad desnuda… y una invitación que, paradójicamente, sigue seduciendo.

Lo que me toca de esto no es la dureza: es la limpieza

La limpieza de no negociar.
De no adornar el camino para hacerlo vendible.
De decir: “esto es lo que hay”.

Porque la claridad —aunque escueza— tiene una virtud extraña: atrae a los correctos y espanta a los turistas.

Emprender se parece demasiado a ese anuncio

A su manera, la vida también es:

  • sueldo bajo (al principio, y a veces también después),
  • frío extremo (cuando nadie aplaude),
  • meses de oscuridad (cuando solo tú ves la visión),
  • peligro constante (de equivocarte, de cansarte, de dudar),
  • regreso incierto (porque ya no vuelves igual).

Y sin embargo… hay quien lo lee y no oye advertencias: oye una llamada.

Una frase para hoy

En tiempos de excusas elegantes, el anuncio —sea mito o no— funciona como espejo.

No te pregunta “¿te apetece?”. Te pregunta: ¿estás dispuesto?

Y a mí, hoy, la respuesta me la deja clara una sola idea:

si viene la tormenta, no negociamos. Jugamos la partida.


Escrito por Ángel Monroy García, en un día de alerta